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Un plan mejor que el divorcio

A veces el divorcio es la mejor opción, ¿vale? No vengo a hablar de esto. Pero sí quiero hablar del divorcio por inmadurez. Del divorcio por no saber hacerlo mejor. Aquí vamos:

 

No sé si es una mirada acertada o muy sesgada; pero tengo la impresión de que en esta última década, aún en parejas con fuertes principios religiosos, el divorcio parece ser la opción más a mano.

Cuando nos casamos, mi marido y yo, comprobamos que, efectivamente, convivir no era fácil. Entrabamos frecuentemente en bucles de enfado, frustración y desamor. Los disparadores solían ser de varios tipos, pero en general, estaban relacionados con el reparto de las tareas en la convivencia:

—Yo saqué la basura, ¿podrías tener la delicadeza de poner la bolsa en el cubo?

—Acabo de cocinar, ¿esperas que también recoja la mesa? ¿No puedes ayudar tú un poquito con eso?

—Los dos trabajamos ¿acaso esperas que llegue a casa a seguir trabajando?

Así sucesivamente, todo suele ser una razón justificada para discutir. Y cuando llegan los hijos, la relación se tensa aún más. Las acusaciones, los desencuentros, la falta de diálogo constructivo.

Pareciera que hemos perdido los modelos de familias a quienes imitar. Y de hecho, es así. Los perdimos. Las cosas cambiaron para la mujer y también para el hombre.

Hasta la generación de nuestros padres lo normal era que en casa mandaran los hombres en todos los “temas serios,” y las mujeres se dedicaran a cocinar, limpiar y cuidar a los niños. Las cosas comenzaron a cambiar ya por los años 60. Las mujeres ya votaban, podian estudiar, podian trabajar, y poco a poco, han ido ganando territorio “al mundo de los hombres”. Hoy en día pueden ser presidentas de nación, pilotos de avión, bomberos, policías y tantas otras profesiones que antes solo pertenecían a los hombres.

Pareciera que a partir de nuestra generación ya tenemos claro que esta desigualdad no es justa, noble, ni ideal. Sin embargo, no sabemos exactamente cómo traducir esa igualdad a la convivencia diaria. Consiguiendo, en lugar de más satisfacción marital, menos. Y así, vemos como, año a año sube el porcentaje de jóvenes que no dura ni cinco años casados. Todos buscando defender sus derechos, pero no sabiendo como compartir deberes.

Y entonces me sorprendo cuando escucho a personas insistir con la idea de que, para que esto no vaya a peor, debemos volver a los orígenes. Y usan esos textos bíblicos en los que se cuenta cómo, desde el momento en que se rompió la confianza en el primer matrimonio del Edén, el hombre comenzó a gobernar por encima de la mujer, y la mujer tenía como mayor tarea: someterse.

Este no pretende ser un manifiesto feminista. Lo cierto es que ni una cosa ni la otra parecen ser positivas. Las familias se destrozan día a día, y la mayor consecuencia es hijos desatendidos, experimentando un desamor que los trastorna.

Este verano español pasábamos una sobremesa con amigos, cuando el tema de las “mujeres rebeldes sin causa, que están destrozando las familias” fue puesto en la mesa. Y una vez más oí frases como estas: la forma en que las mujeres de hoy en día gestionan su vida y sus hogares, es una verdadera aberración, y por culpa de ellas, todas las desgracias que tiene la sociedad.

Discutir este tipo de temas para mi es una atracción jugosa y difícil de evitar. Aunque quiera mucho al contrincante, no puedo evitar el llamado a saltarle a la yugular. Lo cual, tampoco es ideal, positivo, ni constructivo. Lo sé.

Aquella tarde, una vez más, me desquicie intentando defender a “las mujeres del mundo y del universo”. Tantas veces tengo la sensación de que hay un lado femenino de Dios que nuestra cultura mató… Pero aún no sé defenderlo siendo asertiva ni con ideas convincentes. Gracias a Dios, mi parte masculina, mi marido, salió una vez más en mi rescate.

La explicación que dio fue convincente incluso para mi. De hecho, sé que esta idea es inspirada. Él mismo tuvo que aprenderla en el transcurso de estos 10 años casados.

Como cristianos, solemos hablar de volver al modelo del Edén. Es curioso. Porque cuando defendemos el modelo de pareja en el que el hombre reina sobre la mujer, no estamos hablando del Edén, sino de la vida que tocó vivir después del Edén. Justo cuando llegó el pecado.

Tengo la sensación de que en otros aspectos tenemos más claro que el ideal no es vivir con las consecuencias del pecado, sino con el verdadero modelo original. Por ejemplo, en la alimentación, decimos que el modelo ideal es el de antes de la caída, nadie defiende que debemos comer carne “porque es la consecuencia del pecado”. Incluso el divorcio, se concedió al hombre “por la dureza de su corazón”, pero Jesús se encargó de señalar que “en el principio no fue así” (Mt. 19:8). El sábado tamibén es otro ejemplo de un ideal que conservamos del modelo de hogar edénico ¿Por qué no buscar la igualdad y la armonía, tal como ocurría antes de perder la confianza en Dios y unos en otros?

Es un tema largo para debatir. Pero me gusta la idea de que en nuestro hogar, en mi familia, buscamos asemejarnos al modelo del hogar original, no el modelo del hogar “postmortem”. Un modelo en el que nadie se enseñorea sobre el otro. Donde la relación es fundamental. Todos colaborando en armonía, atendiendo a los niños y luego el resto de quehaceres, repartidos con cariño según habilidades o según gustos. Comprendiendo que esos niños deben aprender a vivir en relación y saber trabajar cooperativamente, no buscando su propio bien, sino el de toda una familia. Y entendiendo que

La buena comunicación es el colchón fundamental para que esta planta llamada amor crezca y florezca.

Seguro que vivir de esta forma es un plan que trae más satisfacciones que cualquiera de los otros extremos donde nos peleamos por quién manda más. Al menos en nuestra familia, nos gusta así.

 

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6 Comments

  • Dámaris S.

    Justamente ayer hablaba de esto con una amiga casada, y ella me contaba lo que le costó aprender a convivir. Y yo que todavía lo veo de lejos, bueno, no tanto, (todavía estoy a tiempo de arrepentirme jaja) me viene bien para pensar en lo que deseo para mí futuro hogar. Que desafío!! Y el argumento de volver a los orígenes es buenísimo! Lo voy a tener a mano para las charlas de sobremesa familiar 😉

    22 septiembre, 2018 at 12:50 am Reply
    • schoolandhome

      Claro que si! El cambio de las cosas comienza por pensar en ellas, luego hablarlas (con Dios y con los hombres! :D)
      Abrazos!

      22 septiembre, 2018 at 1:41 am Reply
  • Adriana

    Gracias!! Muy bueno!! Como cristianos sería interesante compartir esto con las parejas que conocemos. Muchos jóvenes están cambiando su firma de ver la vida de una manera que me asusta. Pero gracias a Dios que aún tenemos jóvenes sanos también.

    29 octubre, 2018 at 5:39 pm Reply
    • schoolandhome

      Siii, aún los tenemos, y que el Señor nos ayude a ser un norte para ellos. Un abrazo grande! Gracias por pasarte por aquí 😉

      8 noviembre, 2018 at 1:46 pm Reply
  • Virginia

    Una vez más coincido con vos. Esta vez desde un lugar desde donde he reflexionado y vivo cada día! Yo aspiro a un hogar en armonía, es un trabajo personal y de equipo mantenernos siempre unidos. Gracias por expresar con palabras mis pensamientos!

    30 octubre, 2018 at 8:25 pm Reply
    • schoolandhome

      Gracias a ti Virginia! Por pasarte por aquí y por dejarme este mensajito, un beso grande!!!

      8 noviembre, 2018 at 1:43 pm Reply

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