Terapia Narrativa

Recalibrando: Ruta 2019

Hacía tres años que no volvía a casa. Por muy casada que esté y muchos lugares donde haya vivido, sigo sintiendo que las montañas y lagos de Bariloche y Villa la Angostura son mi hogar. El lugar en el mundo donde comenzó todo; donde se gestaron los sueños; donde me encontré con Dios. Desde donde contemplé el mundo con esperanza, con la extraña certeza de que allá afuera había algo muy bueno que me estaba esperando.

No importa cuantos días esté allí. El viento y los paisajes siempre me cuentan algo que debo saber.

¿Tienes ese lugar en el mundo? ¿El lugar de tus raíces, de tus sueños, de la historia más arraigada de tu identidad? Vuelve allí cuando puedas, confiando en que hay algo que debes comprender. Y ocurrirá. Una clara comprensión de por dónde continuar.

Recalibrar nuestras vidas debería ser un ejercicio natural para nosotros, pero por alguna razón poderosa no lo es. Solemos comenzar un camino que cargado de mandatos y compromisos sociales, se transforma en una hoja de ruta obligada. A veces no volvemos a encontrarnos hasta diez años después, cuando nos miramos al espejo y casi no nos reconocemos. ¿Por qué hemos continuado igual? ¿Quién nos ha hecho creer que cuando comenzamos un camino no podemos salirnos de él o no podemos modificarlo ni un ápice?

Yo tengo algunas respuestas a esta pregunta. Aunque encontrar el culpable de nuestros miedos no necesariamente nos resuelve el problema.

¿Acaso un GPS nunca recalibra su ruta? Claro que lo hace, es imprescindible confiar en que lo está haciendo continuamente. Recalibrando ruta…. recalibrando…

Yo también recalibro mi ruta cada año. Lo hago desde que era niña. Tengo la suerte de que di con un hombre igual a mi. Pero es un hábito contagioso, así que tampoco es excusa si quien tienes a tu lado no lo hace.

Nuestro ritual es simple. Nos perdemos solos en algún café y nos paramos a revisar el calendario del año que acaba, semana a semana. Anotamos los logros, los proyectos concluidos, los viajes disfrutados, los desafíos superados. Nos solemos sorprender. Cuántas cosas olvidamos del año.

Luego viene hablar sobre los proyectos que el año nuevo tiene a la vista y revisar minuciosamente las cosas que no han funcionado en el año que dejamos ¿Puedo cerrar completamente un camino si me lo pide el cuerpo? ¿Puedo, aunque eso implique que me juzguen por inconstante, por fracasar o por irresponsable?

Si, puedes. Puedes si la balanza te dice que pierdes más de lo que ganas. Pierdes energía, pierdes pasión, pierdes interés, pierdes a personas que amas, pierdes la ilusión y la esperanza.

Por eso es tan importante escribir y repasar el año (incluso mejor acompañado). Porque es la única forma de ser absolutamente conscientes de lo que está funcionando y lo que no. Y así recordar hacia dónde viajas o sorprenderte viendo el camino que has tomado.

Recalibra ruta….

Hay un secreto más, que a mí me funciona especialmente cuando necesito recalibrar mi ruta: “Saca la cabeza a donde te de el viento”.

Nací en Bariloche y crecí “a caballo” entre Villa la Angostura y Bariloche. Puedo asegurar que allí sopla el viento. Pero en mí ese viento no vuela el pelo, me vuela las ideas; las remueve, las sacude. La voz del Espíritu se mueve para mi entre los lupinos, se refleja en los lagos y se arremolina en los bosques. A veces se mete como polvo en mis ojos y me deja ciega por un instante, me obliga a mirar para dentro y escucharlo con más fuerza.

Tiene que existir un lugar así para ti. Un cuarto escondido, un rincón de tu casa. Una casita del árbol, un jardín solitario. Tiene que haber un lugar donde te sientas inspirada o inspirado, donde lo bello te conecte con Su belleza.

Estos días allí, en mi rincón del mundo, visitamos en familia 10 años después, el lugar donde nos casamos. Fue en el Hotel Llao Llao. Un lugar inaccesible para la mayoría de los mortales. Nos dejaron entrar y recorrerlo porque llevábamos nuestras fotos de FB para comprobar que era verdad, nos habíamos casado allí (para algo sirve subir las fotos).

Cuando dejamos el hotel a nuestra espalda, volviendo a casa, ambos nos sonreímos con picardía ¿Cómo es posible que nos hayamos casado allí? Esa misma noche nos sentamos en una cafetería del centro a Recalibrar nuestra ruta como familia…y lo vi claro, comprendí por qué nos casamos allí, hay 3 palabras que lo resumen:

sueña,

planifica,

lánzate.

Daría para otro post contar las peripecias de ese sueño maravilloso que fue casarnos en el Llao Llao. Pero mientras recalibrábamos nuestra ruta esas tres palabras multiplicaron las servilletas que escribimos cerrando el 2018. Servilletas cargadas con unos pocos pero claros sueños, llenos de estrategias para conseguirlos, planificando y recalibrando.

Ahora nos toca lanzarnos al nuevo año. Ya estamos listos, el GPS bien calibrado. ¿Compartiremos ruta este 2019?

Todavía estás a tiempo, piérdete de todos y recalibra tu vida.

You may also like

4 Comments

  • Gaby

    Bella lectura para cerrar un año y poner el freno a conciencia.
    Quiero conocer la historia del casamiento!! Jajaj
    Abrazo, familia. Un placer haber compartido pequeños fragmentos del 2018… son un presente del cielo. Abrazos!

    31 diciembre, 2018 at 1:02 pm Reply
    • schoolandhome

      Gracias Gaby! Haber si me inspiro un día de estos y viene la historia de la boda jejej Abrazos y gracias por tus palabras! Feliz año!!!

      2 enero, 2019 at 5:39 pm Reply
  • Pato

    Me encantó! Comparto mucho tus ideas!!!!

    4 enero, 2019 at 2:51 am Reply
    • schoolandhome

      Que bueno! Estar en sintonía “is good” 😀 Un abrazo grande!

      7 enero, 2019 at 3:02 am Reply

    Leave a Reply