Pensar la narración

Pensar la narración

Hace un tiempo compartí en Rothbros.es un artículo que preparé luego de un curso. Me encantaría que puedas leerlo. Creo que su contenido es relevante y nos desafía a repensar la forma de narrar que tenemos con nuestros peques.

Aquí va!

Investigaciones sobre la Enseñanza de la Literatura pusieron en evidencia dos tipos habituales de lectura. Te contamos sus ventajas y desventajas. 

Los manuales de Ciencias, la caja de cereales del desayuno, las historias bíblicas, los problemas de matemáticas ¿Cuáles son las lecturas que abundan en tu casa?

Hace unas semanas, en un curso de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) sobre libros informativos, descubrí que la lectura es toda una ciencia que solemos pasar por alto. Una ciencia que desconocemos, aunque está al alcance de nuestra mano.
Pero para conocer más al respecto, mejor hablemos de Louise Rosenblatt: hija de judíos, nació en Estados Unidos, estudió Artes y Antropología (sí, también pienso que es una curiosa combinación), completó su formación con el doctorado en Literatura comparada de la Sorbona (1931) y finalmente se dedica a enseñar inglés. Pero su sensibilidad y su formación en la ciencia que estudia al hombre, no le permitieron sólo dedicarse a enseñar. Comenzó a detenerse en cada lector a quién enseñaba, y ante sus ojos se abrieron nuevos conocimientos. Se había convertido en una investigadora.

Sus obras han marcado el proceso de enseñanza a la lectura contemporánea, entre ellas: “La literatura como exploración” (1938) y “La teoría transaccional de la obra literaria” (1978). En ellas nos cuenta, entre otras cosas, que el acto de leer implica una transacción entre el lector y el texto. Piensa en éstas palabra: una transacción implica un intercambio, una interacción. Tú me das algo y yo también a ti.

¿De qué está hablando Louise Rosenblatt? ¿en qué momento yo le doy algo a un texto y cómo?

Louise nos enseña que leer es una experiencia única en la que el lector y el texto actúan de forma continua y de alguna manera se activan juntos. Cuando leí esto saltaron a mi mente decenas de veces en los que al leer un texto común, conocido, leído antes en más ocasiones, repentinamente se abría a mi con una claridad y revelación completas. Y tuve que admitir que un texto no tiene el mismo significado para todos, porque cada lector aporta su conocimiento individual, sus creencias, su contexto en el acto de lectura y tal vez, me atrevo a agregar, su “inspiración”.

Aprendí entonces que cada uno lee invadido por sus circunstancias, lo cual nos daría para un artículo aparte. Pero además, descubrí que es factible agrupar a los humanos en dos tipos de lectores: estéticos o eferentes.

El lector eferente, es aquel que se centra en seleccionar y abstraer la información analíticamente, que toma las ideas o instrucciones para la acción que perdura después de concluida la lectura.

El lector estético es aquel que al leer se conmueve. Que le presta —quizá sin darse cuenta—, más atención a los aspectos afectivos, a las sensaciones, sentimientos, imágenes e ideas que le despierta el texto.

Reaprender a leer

Cuando leemos detenemos la mirada —el interés—, en aquellas cosas que nos enseñaron que eran interesantes o importantes como para detenernos. Si sólo me detengo en los datos porque mañana tendré un examen, he educado la lectura eferente. Si al leer una historia bíblica me detengo en la información para el concurso de la iglesia, he educado la lectura eferente. Si al leer cualquier texto me aprendo el contenido para presumir de conocimiento, he educado la lectura eferente.

El sistema educativo en general no había tenido en cuenta la trascendencia de leer de una forma estética hasta no hace mucho tiempo, cuando Rosenblatt comenzó a sentar cátedra:

“Una experiencia literaria, una lectura estética, puede aproximarnos a la orquestación de valores, al manejo del impulso, la emoción y el pensamiento a partir del cual emerge la racionalidad”.
“El poder que ejerce un texto leído de esta forma ofrece experiencia directa de los problemas que enfrenta el ser humano en la elección de valores, pero esta experiencia pierde su fuerza cuando obligamos a nuestros estudiantes a buscar en el texto lo que nosotros pensamos debe ser hallado”.

¿En qué detenemos la mirada cuando leemos? ¿En qué detienen la mirada nuestros hijos? Como madre, me interesa que mis hijas lean libros que las inspiren; pero ahora entiendo que no importa tanto lo que lean, sino cómo lean. Y esto me ha llevado a reflexionar que a veces repetir frases o versículos para memorizar, leer por temáticas, aprender historias para extraer normas, principios, modos de comportamiento: puede hacerlas crecer conociendo todo sobre cristianismo, pero no experimentándolo.

Hace un par de días me encontré con una frase para enmarcar: “Es de suma importancia que los niños aprendan a reconocer, desde los primeros años escolares, la existencia de dos maneras distintas de leer: la estética y la eferente”.

La comprensión de este hecho no se puede alcanzar mediante explicaciones. Sólo es posible lograr esta comprensión por imitación. Somos nosotros los que tal vez debemos reaprender a leer primero. Y entonces, luego, cuando como adultos acompañemos en el aprendizaje del proceso de lectura, con nuestras preguntas sobre lo leído, nuestro comentarios al margen, nuestras explicaciones, nos sorprendamos ayudándoles a experimentar el texto, no solo a conocerlo, despertando en ellos nuevos conceptos, nuevas sensaciones, nuevas miradas de lo leído decenas de veces antes.

En otra cita Louise dice: “La experiencia literaria, precisamente porque envuelve a la persona total, extrayendo de su conciencia tanto los aspectos racionales como afectivos, puede iluminar valores dignos de ser realizados y puede ayudar a generar el impulso emocional para alcanzar esos valores”.

¿Cómo ayudar a nuestros niños a leer estéticamente? Dejo dos simples pero significativas tareas:

1. Leyendo literatura. Esta es creada estéticamente. Suele ser difícil conseguir buena literatura con principios y valores a la altura de nuestras creencias, lo sé. Pero hay. Iremos compartiendo sugerencias.
¿Cuál nos recomendarías tu?

2. Cuando leemos en familia aportemos esta mirada estética a nuestros hijos: Busquemos no preguntar simplemente datos; no nos centremos en las instrucciones a modo de “lecciones, enseñanzas o moralejas”. Preguntemos por sensaciones, por imágenes, por olores, por sentimientos.

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