Boga mar adentro

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    Re-escribir la vida

    Re-escribir la vida: una forma de afrontar los problemas desde la Terapia Narrativa. Y una oportunidad que tenemos todos a diario. En mi caso la re-escribí, por intuición, desde que recuerdo. Tal vez los 8 años. Crecí con una idea clara de cuáles eran los renglones familiares torcidos, y entre valores cristianos, educación y relaciones significativas, pude re-escribir sobre ellos.

    Estudié los cinco años del secundario en un internado religioso en la ciudad de Balcarce, a 1600 km de la casa de mis padres. Aquello fue una “escuela superior” en habilidades sociales, y me regaló una red social de contactos que han ido reapareciendo en momentos claves de mi vida, hasta hoy. Llegó la etapa universitaria, y una vez más, mi marcada tendencia espiritual me llevó a elegir estudiar en una institución con orientación religiosa. En la provincia de Entre Ríos, ahora a 2.000 km de casa, me formé en un profesorado de artes con orientación en lenguaje musical. En el camino admití que la música no era lo mío y realicé uno de los primeros grandes “borrones y cuenta nueva”: me licencié en Trabajo Social. Me enamoré de un español que vino a esta universidad a realizar un Doctorado. Nos casamos en Bariloche, en el hotel Llao llao, tal como lo escribían mis sueños de niña. Y me fui a vivir a España.

    Allí continuaron los tachones y los nuevos intentos de escribir mi vida. España fue una de las experiencias más entrañables, estables y felices. Mis primeros 9 años de casada. Fui madre de dos niñas. Y junto a mi esposo, que siempre tuvo una clara vocación espiritual, dedicamos nuestra vida a la profesión de la fe. Como familia de pastores, redescubrí el valor de la familia, la importancia de cuidarla, de estar con las niñas en sus primeros años (todo el tiempo que fuera posible); y la lucha que eso significa en una sociedad donde la mujer, ahora sí, tiene oportunidad de realizarse; pero donde es casi imposible la conciliación real con la vida familiar. Pude elegir, entre realizarme profesionalmente o estar con las niñas. Elegí estar con ellas tiempo completo estos últimos 8 años. Han sido años de madurar y crecer. De aprender a priorizar. De llorar y sonreír. De buscar sin parar mi lugar en la vida. Años en los que estudié la carrera de psicología durante las noches, cuando mi marido se podía hacer cargo de las peques. Carrera que me convenció aún más de la importancia de la familia, y de los delicados lazos que se deben establecer con los hijos, para la salud mental del adulto del mañana.

    En este camino estaba, buscando la forma de conciliar, de encontrarme, de darle a las niñas lo que entendía como mejor. Cuando descubrí dos caminos nuevos, misteriosos y que resultaron grandes ventanas a mundos desconocidos:

    La Terapia Narrativa. Corriente psicológica postmoderna, que viene de la sistémica. Con ella aprendí a ver la vida desde otro lugar. A poner en valor mis propios sistemas de vida, y a quitar del medio los mandatos sociales que no sumaban para mi (tal vez lo hacían para una institución, una sociedad, una comunidad de vecinos, una iglesia) pero que a mí no me permitían ser autora de mi propia historia. Y menos, de la historia del Jesús en el que creo, creador del libre albedrío.

    Y por otro lado, el Homeschool. Aunque había homologado mi titulo de magisterio en la Complutense de Madrid. Con el Homeschool me cuestioné toda mi forma de educar, la forma de educar de los colegios y el sistema educativo actual. Y se abrió ante mis ojos una realidad que aún estoy construyendo, y que me ha dado la posibilidad de insertarme laboralmente, y trabajar en un proyecto educativo con el que sueño.

    Así es como, priorizando a las niñas y la familia, hemos aceptado un llamado a ser misioneros en tierras argentinas. Aquí nuestras peques han ingresado a un colegio formal. Por varias razones ya no podemos hacer homeschool (es un tema delicado y difícil de explicar, seguro haré un post específico de esto). La educación en la que creo a penas rozará sus puertas en las aulas tradicionales. Pero me he tenido que recordar a mí misma, que allí solo están cuatro horas al día (al menos así es aquí en Argentina). El resto del día, están en casa. Y como autora de mi propia vida, y de la vida de mi familia, me siento desafiada a “reescribir la educación”, al menos en mi pequeña parcela de este universo. Y os lo iré contando poco a poco. De hecho, lo construiremos juntos.

    La Narrativa y la educación en la que creo (Educación White), serán dos brújulas que irán guiando cada uno de los post que iré compartiendo. Con el deseo de que yo, en primer lugar, nunca me olvide de “lo importante”. Y con el deseo también de hacerle la vida más fácil a aquellas familias que trabajan más que un medio tiempo, y a las que pensar formas de complementar la educación tradicional, se les hace cuesta arriba.

    Se me ha prestado un plus de creatividad, con el que deseo bendecir a todos aquellos que lo deseen. Si eres tú. Visítame de vez en cuando, o mejor, suscríbete a la newletter para no perderte nada.

    Por aquí nos leemos 😉

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